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©Selene Garrido Guil |
Atar cordones en zapatos de cartón suena a algo tan insustancial que pasará desapercibido para quien busque un tema con enjundia.
Puede que no recordemos cuándo en la infancia aprendimos ésta y otras tareas que hoy hacemos sin prestar atención.
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El Principito en el asteroide B-612 ©Antoine de Saint-Exupéry |
En El Principito cuenta Antoine, su autor, que cuando encontraba una persona que le parecía un poco lúcida, probaba a enseñarle un dibujo que hizo con seis años. Era una boa que se había comido un elefante.
Si el interlocutor le respondía que era un simple sombrero, Antoine adoptaba una pose adulta y hablaba de política o deportes.
No reconocer en su dibujo la escena entre los dos animales le hacía pensar que la otra persona no merecía conocer su yo creativo y aventurero.
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Boa 'cerrada' y 'abierta' digiriendo un elefante Ilustraciones originales del libro 'El Principito' de Antoine de Saint-Exupéry |
Pero no todo es blanco o negro y quizá no debamos ser tan estrictos con los demás. Conforme cumplimos años, va quedando menos tiempo para pensar en esas insignificancias que para un niño son tesoros. Ellos caminan con la cadencia que les deja observar y admirar lo que les sale al paso. Se extasían contemplando una hormiga o su propia sombra, a la vez que ignoran la mano adulta que tira de la suya con prisas. Mientras preguntan el porqué de cada cosa, los mayores resoplamos y sacamos billete para un tren diario de obligaciones, con pocos apeaderos.
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Boa a punto de comer una 'fiera' entera ©Antoine de Saint-Exupéry |
Por eso no está de más mirar por la ventanilla por si, desde un andén, alguien nos hace señales con los brazos para bajar un rato. Quién sabe si la persona que sólo ve el dibujo de un sombrero se interesa si le contamos que la anaconda y la pitón pueden comer presas tan grandes como ciervos y cocodrilos, tragándolas enteras, sin masticar.
Un día de los de andar a todo tren, me di cuenta de que había llegado el momento en que los niños que me rodeaban debían aprender a atarse los cordones de sus zapatos. Yo no podía seguir interrumpiendo mis ocupaciones para hacer, a cada instante, nudos y lazadas.
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Zapatos con cordones atados ©Selene Garrido Guil |
Por más que me esforcé en explicarlo, la iniciativa resultó frustrante para ambas partes. Coordinar aquella secuencia de movimientos, aparentemente fácil, iba a requerir de mucha práctica y de más tiempo. Tal vez no iba a ser posible conseguirlo en un solo día.
Había que darle la vuelta a la situación. Era un momento clave para evitar caer en la desmotivación que malograra el aprendizaje. Debía bajar de mi tren y dejar a un lado las prisas y los asuntos importantes.
Necesitábamos un ambiente distendido y unas herramientas más cómodas. Bastaría con un cartón con ocho agujeros donde ensartar un cordón. Y, ya puestos, al cartón le dimos un aspecto más representativo: el de un zapato.
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Inicio del proceso de creación de zapatos de cartón. Fotografía ©Selene Garrido Guil |
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Resultado del proceso de creación de zapatos de cartón. Fotografía ©Selene Garrido Guil |
Evidentemente no inventábamos nada. En comercios especializados hay muchas herramientas que fomentan la llamada psicomotricidad fina.
Pero como la opción de comprar las cosas hechas la tenemos a mano, ¿por qué no probar a construirlas? ¿Valdría la pena el esfuerzo?
En nuestro caso era algo tan rápido y sencillo que no había excusas para no hacerlo.
De un paquete de cereales y de una caja de galletas obtuvimos un cartón fácil de cortar con tijeras.
Mientras creábamos siluetas de zapatos, pusimos una música de fondo al gusto de todos.
Y como la actividad resultaba amena y distendida, invitamos a algunas personas cercanas a bajarse del tren a echarnos una mano.
Cada cual diseñó y embelleció su plantilla con dibujos y colores personalizados. Los modelos resultaron perfectos para probar diferentes maneras de ensartar cordones y para ensayar nudos y lazadas. Habría muchos días por delante para practicar y afianzar los nuevos conocimientos.
Zapatos de cartón con sus cordones ensartados y atados Fotografía ©Selene Garrido Guil |
Mereció la pena el esfuerzo. Además de reutilizar materiales de desecho, mejoramos la motivación no sólo para aprender, también para enseñar. Se creó un ambiente relajado que propició la espontaneidad para aportar nuevas ideas. Los adultos también aprendimos de los niños. Descubrimos en los demás cualidades creativas agazapadas o adormecidas, lo cual nos ayudó a conocernos mejor y a fortalecer los lazos afectivos. En definitiva, resolviendo un reto, hicimos, a pequeña escala, lo que hacen las grandes empresas: crear un equipo de trabajo cohesionado para sacar adelante un proyecto.
Evasión de El Principito ©Antoine de Saint-Exupéry |
Hacer zapatos de cartón redimensionó un tiempo y un espacio -quizá en algún asteroide- donde evadirse y compartir la mirada de un Principito que sabe distinguir un elefante y una boa donde, aparentemente, sólo hay un sombrero.
Es de agradecer que, de vez en cuando, alguien nos haga señales desde alguna estación de tren para que le acompañemos, por un rato, a hacer cosas que parecen insustanciales.
Ahora, cuando voy a tirar una caja o un envase, hago un hueco en mi maletín para este nuevo tipo de proyectos y busco por la ventanilla apeaderos donde compartir sus colores, sus texturas y sus melodías.
© Selene Garrido Guil
Es de agradecer que, de vez en cuando, alguien nos haga señales desde alguna estación de tren para que le acompañemos, por un rato, a hacer cosas que parecen insustanciales.
Ahora, cuando voy a tirar una caja o un envase, hago un hueco en mi maletín para este nuevo tipo de proyectos y busco por la ventanilla apeaderos donde compartir sus colores, sus texturas y sus melodías.
© Selene Garrido Guil
APÉNDICE
Plantillas imprimibles
Para hacer zapatos de cartón
Plantillas imprimibles
Para hacer zapatos de cartón
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Pincha aquí para descargar esta plantilla imprimible ©Selene Garrido Guil |
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